5. ¿QUÉ HACE PERFECTO A UN PADRE?
Levitt descubrió que el apoyo de la Universidad de Chicago
iba más allá del ámbito académico. Un año después de ser
contratado, su mujer dio a luz al primer hijo de ambos, Andrew.
Un día, cuando Andrew acababa de cumplir un año, cayó enfermo
y tuvo una ligera fiebre. El médico diagnosticó una infección
de oído. Cuando, a la mañana siguiente, el niño comenzó a vomitar,
sus padres lo llevaron al hospital. Al día siguiente había fallecido
de meningitis neumocócica.
Abrumado por el dolor, Levitt debía impartir una clase de
doctorado. Pero Gary Becker —premio Nobel cercano a los
setenta años— lo sustituyó. Otro colega, D. Gale Johnson, envió
una carta de pésame que conmovió a Levitt de tal forma
que aún puede citarla de memoria.
Levitt y Johnson, economista agrícola de más de ochenta
años, comenzaron a hablar regularmente. Levitt supo que la
hija de Johnson había sido una de los primeros norteamericanos
en adoptar a una niña de China. Pronto los Levitt iniciaron
los trámites para hacer lo mismo: adoptar a una niña
llamada Amanda. Además de Amanda, desde entonces han
tenido otra hija, que ahora tiene tres años, y un hijo, de casi
un año. Pero la muerte de Andrew ha seguido teniendo un
importante papel en sus vidas, en diferentes aspectos. Los Levitt
han entablado una estrecha amistad con la familia de una
niña a la que se implantó el hígado de Andrew. (También
donaron su corazón, pero el niño que lo recibió falleció.) Y,
lo que no sorprende viniendo de un estudioso que se centra
en los aspectos de la vida real, la muerte también ha supuesto
una fuente de información para el trabajo de Levitt.
Él y Jeannette se unieron a un grupo de apoyo para padres
que han perdido un hijo. A Levitt le llamó la atención la
cantidad de niños que habían muerto ahogados en piscinas.
Se trata del tipo de accidente que no aparece en los periódicos,
a diferencia, por ejemplo, del niño que muere mientras
juega con un arma.
Levitt sintió curiosidad, comenzó a buscar las cifras que
daban coherencia a los casos y publicó los resultados como
columnista de opinión en el Chicago Sun-Times. Mostraba el
tipo de contraintuición por la que se ha hecho famoso: «Si
posees un arma y una piscina en el jardín trasero, resulta cien
veces más probable que un niño muera a causa de la piscina
que de la pistola.»
The New York Times Magazine, 3 de agosto de 2003
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